Sólo él tiene la cabeza de tambor, sólo él tiene los cachetes perfectos para zumbar, ninguna cara como la suya para explorar con uñitas filosas, sobando y jalando, sólo él tiene unas orejas listas para pellizcar hasta dejarlas magenta, sólo él tiene el asiento más cómodo para dormir y y cede su espacio en la cama si se trata de volar.
Sólo ella es un elotito tierno para merendar antes del baño, sólo ella reacciona desbordándose ante los efectos especiales de los cuentos que escucha, sólo ella tiene ese olor acidito dulzón que al respiarse resulta en amor infinito, sólo ella consigue esa mirada suya suave y reposada, sólo ella fue capaz de enseñarle a llorar otra vez y sólo ella provoca su cuidado suavecito y feroz.
Sólo ella hija y sólo él papá, así se conocen, se saborean, se sienten y sólo yo soy la afortunada testigo de ese encuentro extraordinario y cotidiano, sagrado y material.
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